jueves, 30 de agosto de 2012

Destino: el Algarve.

Ya se acaba el verano, llega la vuelta al trabajo, la vuelta al cole, la vuelta....a la rutina, en definitiva. Pero si todavía sigues pensando en vacaciones, tengo un destino que proponerte para el año que viene: el Algarve. Es el lugar que he visitado este mes, y creo que siempre es útil contar tus experiencias y los lugares curiosos que has visitado, de cara a que los próximos viajeros puedan orientarse y preparar su propia ruta de viaje.

Comenzamos nuestra aventura en Faro, una ciudad que rezuma ese aire de decadencia que envuelve a Portugal y que lo hace tan mágico. Es una ciudad chiquitita que se visita en poco tiempo, ya que todo lo que hay que ver está en el casco urbano o en sus alrededores. Destaca la catedral, con sus maravillosas vistas desde el campanario, que te permiten obtener una hermosa panorámica de las marismas que rodean la ciudad (el Parque Natural Ría Formosa). También merece la pena visitar la Iglesia de Santa María, que alberga en su interior la inquietante Capela dos Ossos, una capilla construida con los huesos (tibias, fémures y cráneos) de más de 1.000 monjes.

Dar un paseo al atardecer por la Avenida de la República, que da directamente al puerto, es una opción más que agradable si visitas la ciudad en verano, ya que corre una ligera brisa que hace el calor más llevadero. Si además viajas en agosto podrás asistir al festival "Folkfaro", en el que se suceden actuaciones de bailes y cánticos portugueses, destacando el fado por encima de todos. Tomarte un helado o una caipirinha hecha artesanalmente en los puestos de este paseo marítimo se antoja más que apetecible en fechas estivales.

Pero lo más importante a la hora de visitar Faro es dejarte llevar, perderte y caminar por sus calles adoquinadas, gastadas y paralizadas en el tiempo. Las paredes de azulejo de muchos de sus edificios te guiarán hasta las salidas del casco antiguo a través de las antiguas entradas de sus murallas, de las que aún se conservan partes.

Si quieres comer por un precio razonable (hablamos de 8.5 o 9.5€ el menú del día) puedes acercarte a la Praça de Ferreira de Almeida y sus calles aledañas, donde hay pequeños restaurantes en los que se puede degustar el pescado de la zona, además de menús del día y platos a la carta.

Tras dejar Faro seguimos nuestra ruta hacia el oeste. Aunque establecimos nuestro campamento base en Ferragudo (Portimão), vamos a pararnos en algunos pueblos situados más al este, entre Faro y Portimão, que merece la pena visitar.

El primero de ellos es Albufeira. Aunque ruidoso y a rebosar de turistas, es un pueblo pintoresco, muy orientado al turismo y las compras, por el que es agradable pasear. Ideal si queréis haceros con algunos souvenirs o recuerdos típicos de la zona, como la cerámica. Como todos los pueblos de la zona, mantiene su armonía de adoquines, casas blancas y azulejos.

El siguiente pueblo interesante de la costa es Carvoeiro, pequeño y encajonado entre acantilados, pura luz. Se trata de una localidad fotogénica e ideal para ver atardecer, aunque es muy pequeña y se ve en poco tiempo. Por esa zona, algo antes de llegar a Carvoeiro desde Albufeira, también está Almaçao de Pera, un pueblo con una playa muy extensa, aunque llena de gente.

Más al interior está Silves, un pueblo milenario y que bajo el dominio de los árabes llegó a ser la capital del Algarve. Merece la pena visitar su castillo, aunque no quedan más que las murallas y ruinas. El sistema de almacenamiento de agua de la época musulmana es digno de ver. Si queréis hace una parada para comer en Silves, el Café Inglês puede ser una buena opción. Aunque no es lo más económico que podáis encontrar, los domingos ofrecen en su terraza actuaciones gratuitas, de bastante calidad, mientras degustas comida tradicional portuguesa. Puedes comer por 20€.

Ferragudo es un pueblo que también merece la pena visitar, con sus casas de pescadores, su fuerte y sus playas, metidas en la ría. Justo en frente se halla Portimão, un pueblo de veraneo que tiene poco más que eso. Zona de marcha bullente de gente en verano. Sí es bonita a Praia da Rocha, amplia y grande, a la salida del pueblo.

La siguiente parada es Lagos. Es un pueblo de casitas blancas, siguiendo la tendencia de la zona, empinado y forrado de adoquines. Una maravilla callejear por su casco antiguo y visitar sus iglesias. Un consejo: no merece la pena visitar el Mercado de los Esclavos, ya que, aunque no es caro, no aporta nada de valor. Este pueblo marinero aún conserva parte de sus murallas originales, que bordean la parte antigua de la ciudad. Destacan sus tiendas de cerámica portuguesa, además de sus espectaculares paisajes, de agrestes acantilados e inaccesibles calas. Después de visitar el pueblo es recomendable bajar a sus calas, que se comunican entre sí mediante túneles. Especialmente bonita es la Praia do Pinhão, cuyas escaleras de bajada son empinadas y labradas en la piedra, y carecen de barandilla. Una vez consigues bajar, las vistas (y los baños) son espectaculares. Si prefieres no arriesgarte y no visitar las calas, puedes quedarte en Meia Praia, una playa extensísima al lado del puerto. Pero, sobre todo, no te vayas sin visitar a Ponte da Piedade, un grupo de islotes y acantilados que forman una curiosa estructura.

Dejando atrás Lagos, siguiendo la N-125, entramos en el Parque Natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina, un paisaje agreste y con escasa vegetación, de tierra anaranjada que recuerda a algunas escenas de películas del Oeste. Finalmente llegamos a Sagres, donde podremos visitar la enorme fortaleza que reconstruyó Enrique el Navegante pero de la que se tiene constancia desde el año 4.000 a.C. Las vistas desde este fuerte son espectaculares, ya que es, junto al Cabo de San Vicente, la "esquina" de Europa, su punta más occidental.

Con esta visita finalizó nuestro viaje, aunque a buen seguro volveremos en el futuro para seguir visitando los rincones de esta magnífica región.

Datos de interés: las entradas a los museos y lugares de interés son baratas. Así, la entrada al Fuerte de Sagres cuesta en torno a 1.5€. Si tienes menos de 26 años y el carnet joven, que no se te olvide, ya que en todos los lugares a visitar realizan descuentos. Comer también es bastante barato, como mencioné anteriormente es fácil comer de menú sin gastar grandes cantidades.Si quieres alquilar un coche, el precio es más o menos el mismo que en España, y merece la pena si quieres moverte y visitar toda la región.

Cómo moverte: Si no quieres alquilar un coche y prefieres moverte en transporte público, hay autobuses y trenes que funcionan bastante bien y que cubren el Algarve de punta a punta, conectándolo, además, con el norte. Para mirar los trenes y sus horarios, consulta esta página http://cp.pt/cp/displayPage.do?vgnextoid=87cbd5abe2a74010VgnVCM1000007b01a8c0RCRD, en ella encontrarás todos los precios y horarios, no fallan. Los trenes salen de Faro y llegan hasta Lagos. Si prefieres el autobús, puedes consultar esta otra página http://www.eva-bus.com/novo/, aunque el transporte en tren es más cómodo: tardan lo mismo y cuestan más o menos igual.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Ya no es lo que era

Tengo una reflexión que me ronda la mente. Resulta que ayer estaba yo hablando con cierta persona sobre los grupos que los Ayuntamientos llevan ahora a ciertas fiestas, cuando empecé a reflexionar sobre la evolución de los artistas contratados. Hace unos años, cuando las arcas públicas rebosaban dinero y los terrenos se recalificaban tan alegremente como se concedían hipotecas, los Ayuntamientos llevaban a cualquier pueblo o ciudad a artistas de gran tirada que quemaban cada día las listas de las radiofórmulas. Grupos idolatrados por las adolescentes llenaban los pabellones más grandes de cada localidad.Sin embargo, algo ha cambiado. No sólo eso ya no es así, sino que en muchos casos esas fiestas ya ni siquiera existen.

Pero volvamos al tema de los conciertos. Como os decía, cuando estaba hablando con esta persona, me dijo que a su ciudad "ya no iban grupos que mereciesen la pena, que ya no eran lo de antes". Bien, no va David Bisbal o El Canto del Loco, pero lo cierto es que van grupos como Vetusta Morla, Los Coronas o Arizona Baby. No, amigo, para nada son malos grupos. El problema es que la sociedad española sigue reconociendo solo el producto que le han "metido por los ojos". Si en este país se hiciese un pequeño esfuerzo por conocer la amplia variedad musical que tenemos, más allá de lo que se escuche en la radio (que, ojo, no es todo malo, ni lo que se escucha fuera, todo bueno), la gente se daría cuenta que los grupos que van ahora a su ciudad no son malos, ni mucho menos, sino que son una posibilidad de escuchar música de elevada calidad por un precio (y una aglomeración) mucho menor que en otras ocasiones,  porque no son un producto de marketing masivo de moda, por lo que su precio no es estratosférico (y desorbitado, por otra parte). Es cultura a precio de cultura, y todos deberíamos darle una oportunidad.

Así que, pueblos y ciudades de España, no veáis la crisis como una "bajada de calidad" de vuestros conciertos de fiestas, porque la realidad es que se trata de una buenísima oportunidad para disfrutar de otros grupos, iguales o mucho mejores, por un módico precio. Esto no se repite todos los días ;)

sábado, 5 de marzo de 2011

El Fin de una Época

Hoy ha llegado a mis manos, gracias a un regalo, el libro "El Fin de una Época. Sobre el oficio de contar las cosas", de Iñaki Gabilondo. Nada más abrirlo y leer la dedicatoria, algo se ha movido dentro de mí. La dedicatoria rezaba así: "A ti, del que todos se ríen cuando dices que quieres ser periodista". Esta frase me ha conmovido y me ha hecho sonreír a la vez. Y es que he recordado cuando, hace ya diez años, yo estaba empeñada en que quería ser periodista, y una muy querida tía abuela mía me dijo "No, no, nena, periodista no...que después te mandan lejos, a cubrir noticias por ahí por países en guerra, y es muy mala vida...".

Es muy mala vida. Esa frase me hizo pensar y, conforme pasaban los años, fui abriendo mis horizontes a otras opciones, mientras relegaba, ligeramente, mis aspiraciones de periodista al fondo del cajón de sueños. A pesar de todo, había algo que seguía latente dentro de mí: las ganas de contar historias, de transmitirlas, de enseñar a la gente lo que estaba pasando en la otra punta del mundo. El ansia insaciable de ser testigo número uno de la Historia. Morirme por estar ahí. Y ese sentimiento fue algo que se desarrolló cuando entré a estudiar Periodismo y Economía. Nunca pensé que sería feliz dando una asignatura, pero muchas de las que conforman la carrera de Periodismo me hicieron cambiar de opinión. Cuando estaba en clase y me mandaban escribir, era FELIZ. Y entonces me di cuenta de que ser periodista era, para mí, algo mucho más importante que estudiar una carrera, sin más. Era parte de mi forma de ser, era lo que me moría por hacer, lo que me hacía moverme...era, en definitiva, yo misma. No es que estudiase periodismo porque sí, sino que, simplemente, yo ya era periodista. Porque, como he dicho muchas veces, periodista se nace, y luego se hace. La curiosidad innata, la necesidad de estar informado sobre lo que está pasando y las ganas de contarlo, es algo que viene de serie con la personalidad de cada uno. También puede adquirirse con el tiempo, pero en la mayoría de los casos es una característica que viene de fábrica.

Por eso hoy, cuando he abierto el libro de Gabilondo y he leído esa frase, han pasado por mi cabeza muchas cosas. Es cierto que hoy en día no se da apenas valor a los periodistas, es más, incluso a veces pueden llegar a reírse de tí si dices que lo que quieres ser en la vida es periodista. No se gana dinero, estás desprestigiado, muchas veces no se valora tu trabajo y, además, cualquier persona que opine sobre cualquier cosa ya se auto cataloga como periodista. Y eso, siento decirlo, no es ser periodista. Si me preguntan a mí, a pesar de que no tengo ni voz ni voto para opinar (o sí), qué es ser periodista, creo que contestaría que periodista es aquél que tiene una vocación de servicio a la sociedad, que es consciente de que está recogiendo un legado de "contador" de historias importantísimo, con una tradición tan larga como la humanidad misma, y que necesita transmitir la información a la sociedad tanto como las plantas necesitan agua para crecer. Periodista es aquél que es capaz de tener una visión global del mundo y su funcionamiento, y es capaz de llevar a cabo una labor de síntesis para explicar, de forma concisa y clara, qué es lo que está pasando exactamente. Periodista es, al fin y al cabo, quien se siente un espectador activo de la Historia.

Y es que, por mucho que digan y por mucho que el mundo se empeñe en desvirtuar una profesión tan antigua como el hombre, yo seguiré creyendo que un cambio es posible. Ser periodista es un honor y aún estamos a tiempo de salvar el periodismo, y somos los jóvenes, las nuevas generaciones, los que tenemos en nuestra mano que la profesión sobreviva a uno de los mayores cambios de su historia (el cambio de modelo con los medios en Internet y la proliferación de la telebasura), o que perezca y ser periodista ya no valga nada. Nosotros decidimos.